







Pocas ciudades han sido consideradas dignas de ser habitadas por los dioses, más habituados a las esferas celestes que a los dominios humanos. Teotihuacan es una de ellas, y para haber alcanzado el rango de ciudad mítica tuvieron que transcurrir mil años de civilización que hoy se respira entre sus amplias avenidas que marcan los rumbos del universo y cuyo esplendor emana de plazas y pirámides de proporciones ciclópeas penetrando los muros estucados de imágenes primigenias de la naturaleza y figuras de un mundo espiritual casi olvidado. Urbe divina y humana, plena de calles y habitaciones, que vivió una actividad ferviente, a la cual entraban y salían hombres y mercancías hacia el valle de México, Puebla, Tlaxcala e incluso hasta la Mixteca y Tehuantepec. ¿Cómo pudo surgir tal prodigio de piedra en un valle que, comparado con el de México, aparece yermo, sujeto a las lluvias del temporal y con unos cuantos pozos de agua?

Boari dejó México en 1916. A lo largo de los siguientes tres lustros se efectuaron algunos trabajos de poca importancia, hasta que se reinician las obras en 1932, bajo la dirección del arquitecto mexicano Federico Mariscal, antiguo discípulo de Boari y quien concluyó totalmente el Palacio en marzo de 1934, inaugurándose el 29 de septiembre de ese año.
El Palacio de Bellas Artes conforma una joya cultural de México no sólo por su proyecto arquitectónico, sino por todos los elementos de invaluable valor artístico que lo conforman, tales como: los grupos escultóricos dedicados a las artes y a la cultura mexicana en sus superficies exteriores; o en su interior por el vitral dedicado a Apolo y las 7 musas, la cortina de cristal de 22 toneladas que se levanta suavemente en cada función y los murales que resguarda, testimonio artístico del talento y el pensamiento de Rivera, Orozco, Siqueiros, Tamayo, González Camarena, Montenegro y Rodríguez Lozano. Estos son sólo algunos de estos elementos.
En la actualidad, este recinto es objeto de un mantenimiento permanente para conservarlo en óptimas condiciones, siempre con fidelidad a sus formas y calidad originales.

El monumento a la Revolución fue edificado aprovechando parte de la estructura que en un principio iba a ser destinada al Palacio Legislativo. Ese recinto fue promovido por el presidente Porfirio Díaz y su gobierno, mismo que en el año de 1897, emitió una convocatoria internacional para la realización del proyecto de la futura sede de las cámaras de diputados y senadores. En dicho concurso participaron destacados arquitectos de la época entre los que destacaba Adamo Boari, mismo que construiría posteriormente el Palacio de Correos y el Palacio de Bellas Artes. Tras un proceso de selección poco claro y lleno de polémicas, el proyecto fue adjudicado al arquitecto francés Emile Bernard. De ese modo la primera piedra de este edificio fue colocada el 23 de septiembre de 1910 por el propio presidente Porfirio Díaz. Tras un avance notable en el armado de la estructura de acero del edificio, la construcción del Palacio Legislativo fue suspendida por falta de recursos a raíz de las luchas revolucionarias.
La estructura del que iba a ser uno de los edificios más suntuosos de la ciudad, permaneció inutilizada durante varios lustros, lo que motivó que empezaran a ser desmanteladas las naves laterales y se pensara incluso en la demolición total del inmueble, para evitarlo, el arquitecto mexicano Carlos Obregón Santacilia propuso al entonces secretario de Hacienda, Alberto J. Pani, el aprovechamiento de parte de la estructura de la cúpula del frustrado Palacio Legislativo para erigir un monumento a la entonces recién concluida Revolución Mexicana. Dicha propuesta fue aceptada y su construcción abarcó de 1933 a 1938.
Este monumento destaca por lo masivo y geométrico de su construcción que nos remite a la arquitectura prehispánica, sin embargo también es fiel representante de una las corrientes arquitectónicas de ese momento, el Art Deco, estilo que se hace presente en los grupos escultóricos que se asientan sobre las pechinas de la cúpula de cobre del monumento, mismos que fueron creados por el artista Oliverio Martínez y que representan respectivamente: la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras. Otros elementos de clara influencia Art Deco son las lámparas ubicadas a los lados del monumento.
Años después de su conclusión, este monumento fue convertido también en mausoleo donde descansan los restos de los algunos de los principales protagonistas de la Revolución Mexicana: Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Francisco Villa, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas. Asimismo desde 1986 el sótano de este monumento alberga al Museo de la Revolución.
Actualmente en el monumento y en el gran espacio abierto que lo rodea, la llamada Plaza de la República, se realizan distintas actividades culturales entre las que destaca el Tecnogeist, uno de los festivales de música electrónica y arte multimedia más importantes del continente americano.

Uno de los máximos símbolos de la Ciudad de México y del país, el Ángel de la Independencia se eleva majestuoso en medio del Paseo de la Reforma.
La primera piedra de este reconocido monumento, fue colocada el 2 de enero de 1902 por Porfirio Díaz. La dirección del proyecto estuvo a cargo del arquitecto Antonio Rivas Mercado, también autor del Teatro Juárez de la Ciudad de Guanajuato.
Este monumento está inspirado en un proyecto para rendir homenaje a los héroes de la independencia que consistía en construir un zócalo de piedra con una columna corintia coronada por un ángel en plena Plaza de la Constitución durante el gobierno de Antonio López de Santa Anna. Ese proyecto no pudo concretarse, y ya para finales del siglo XIX, el arquitecto Antonio Rivas Mercado, lo retomó inspirándose además en algunas famosas columnas del mundo como la de Trajano en Roma, la de la Plaza Vendome de París y la Alejandro en San Petesburgo. Todas esas columnas fueron levantadas para conmemorar, el triunfo de un ideal en sus países respectivos.
Fue así que este arquitecto diseñó un zócalo circular sobre el cual se apoyaría una base cúbica en cuyos vértices, descansan las estatuas sedentes que representan la Paz, la Ley, la Justicia y la Guerra ejecutadas por Enrique Alciati. En el interior de esta base reposan los restos de algunos de los más egregios líderes de la independencia mexicana como Miguel Hidalgo, Vicente Guerrero e Ignacio Allende entre otros. Esta base contiene además las esculturas de dichos insurgentes, así como una bien lograda escultura de un león guiado por un niño que representa el dominio de la verdad y la inteligencia sobre la fuerza. Sobre esta base fue erigida una columna corintia de 35 metros de altura, labrada en cantera de Chiluca, misma que se encuentra coronada por la famosa victoria alada, símbolo del triunfo entre los antiguos griegos.
Este monumento fue inaugurado el 16 de septiembre de 1910 como evento culminante de las fiestas del centenario de la Independencia, mismas a las que asistieron importantes diplomáticos, embajadores, empleados públicos y el pueblo en general para disfrutar de los fuegos pirotécnicos, desfiles y conciertos que se realizaron en el Paseo de la Reforma en esa ocasión.
http://www.ciudadmexico.com.mx/atractivos/angel_de_%20la_%20independencia.htm
Angel de la Independencia